Garrapata bovina: fortalecen acciones sanitarias para proteger zonas libres y evitar resistencias a insecticidas
El organismo sanitario impulsa nuevas medidas en el marco del Plan Nacional de Control Integrado y Erradicación de la Garrapata del Bovino. La inspección de animales antes de su traslado y los estudios de sensibilidad a los garrapaticidas son herramientas fundamentales para evitar la propagación del parásito y mejorar la eficacia de los tratamientos.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) intensificó las acciones de prevención y vigilancia sanitaria destinadas a controlar la presencia de la garrapata bovina en el territorio argentino. Las medidas forman parte de la actualización del Plan Nacional de Control Integrado y Erradicación de la Garrapata del Bovino, establecida mediante la Resolución 655/2026.
La estrategia busca fortalecer la protección de las regiones libres del parásito y reducir el riesgo de propagación de garrapatas resistentes a los productos veterinarios utilizados para combatirlas.
Uno de los aspectos centrales de la normativa es el control sanitario de los animales antes de su movilización, con el objetivo de impedir que tropas infestadas ingresen a establecimientos o regiones donde la presencia del parásito es reducida o inexistente.
Inspecciones obligatorias y requisitos para el traslado de animales
De acuerdo con las disposiciones del Plan Nacional, los productores deben consultar las condiciones sanitarias correspondientes antes de realizar movimientos de bovinos, bubalinos y equinos.
Cuando la normativa lo establece, es necesario gestionar una inspección previa al despacho de los animales dentro del establecimiento de origen. Esta tarea debe ser realizada por técnicos o médicos veterinarios acreditados ante el Senasa.
El procedimiento queda documentado mediante el Formulario de Inspección y Despacho de Hacienda (FIDHA), instrumento que permite determinar si una tropa reúne las condiciones sanitarias necesarias para su traslado.
Cuando la inspección confirma que no existen garrapatas vivas, el formulario recibe la condición de “aceptado”, lo que permite emitir el Documento de Tránsito electrónico (DT-e) dentro de las 48 horas posteriores.
En cambio, si se comprueba la presencia de ejemplares vivos del parásito, la tropa se considera “rechazada” y no puede abandonar el establecimiento mientras se mantengan esas condiciones.
Mayor vigilancia en las regiones de erradicación y resguardo sanitario
Desde el Senasa destacan que las inspecciones realizadas en origen constituyen una barrera sanitaria fundamental para impedir el desplazamiento de animales parasitados hacia territorios de menor riesgo.
En este sentido, el organismo pone especial atención en dos áreas contempladas dentro del esquema nacional de control.
Por un lado, las zonas de Erradicación (E), donde todavía existe presencia de garrapatas con distintos niveles de infestación. En estos territorios, los establecimientos deben sostener una vigilancia epidemiológica activa, especialmente al momento de recibir nuevas tropas.
Por otro, las zonas de Resguardo Sanitario (RS), consideradas naturalmente libres del parásito, donde las medidas preventivas apuntan a evitar su introducción.
En estas últimas, cualquier sospecha o detección de garrapatas debe notificarse dentro de un plazo máximo de 48 horas. Además, los productores pueden solicitar una inspección oficial cuando ingresan animales procedentes de regiones donde existe circulación del parásito.
La normativa también contempla situaciones en las que la presencia de garrapatas se detecta durante el transporte o una vez que los animales llegaron a destino. En esos casos, la tropa debe regresar al establecimiento de origen en un plazo máximo de 48 horas.
Bioensayos: una herramienta para detectar la resistencia a los garrapaticidas
Otro componente destacado de la estrategia sanitaria es la identificación de posibles resistencias a los productos veterinarios garrapaticidas (PVG).
Cuando una tropa presenta resultados positivos durante una inspección en tránsito o en destino, el propietario de los animales debe realizar un bioensayo.
Este procedimiento consiste en una prueba de sensibilidad que permite evaluar cómo responde la garrapata frente a los diferentes principios activos empleados para su control.
Los resultados proporcionan información para determinar el grado de resistencia presente en el establecimiento y seleccionar los tratamientos con mayores posibilidades de eficacia.
De esta manera, es posible ajustar las estrategias de manejo sanitario, optimizar la utilización de los productos disponibles y evitar aplicaciones que, por su baja efectividad, puedan favorecer el desarrollo de poblaciones resistentes.
La detección temprana de este fenómeno también resulta importante para reducir el riesgo de que las cepas resistentes se dispersen hacia otras zonas ganaderas.
Una estrategia integral para fortalecer la sanidad ganadera
Las acciones impulsadas por el Senasa se enmarcan en una política de control que requiere la participación conjunta de productores, profesionales veterinarios y autoridades sanitarias.
El Plan Nacional establece cuatro ejes prioritarios: impedir el ingreso de garrapatas a las zonas libres, prevenir el desarrollo y la propagación de resistencia a los productos garrapaticidas, preservar la inocuidad de los alimentos y promover estrategias de control integrado del parásito.
A través de la vigilancia epidemiológica, las inspecciones previas al movimiento de animales y la utilización de herramientas de diagnóstico, el organismo busca fortalecer la prevención sanitaria y contribuir a un manejo más eficiente de la garrapata bovina.
El cumplimiento de estas medidas resulta fundamental para proteger las áreas libres, disminuir los riesgos asociados al traslado de animales y sostener la eficacia de los tratamientos utilizados en la producción ganadera argentina.

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