Instalaciones que suman kilos: Cómo mejorar la producción sin modificar la dieta
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En ganadería muchas veces pasamos por alto lo que se conoce como “costos ocultos” que no son ni más ni menos que aquellos son factores que limitan la ganancia de peso, aumentan los días necesarios para llegar al peso de faena y elevan el riesgo de enfermedades. En general, están ligados a condiciones ambientales desfavorables, como barro, estrés térmico, acceso deficiente al agua o instalaciones inadecuadas.
Antes de avanzar, es fundamental definir el concepto clave de Energía de Mantenimiento. Esta es la energía que un animal necesita simplemente para mantenerse con vida y en funcionamiento, es decir, para sostener procesos esenciales como la respiración, la circulación sanguínea, la digestión básica o la regulación de la temperatura.
Si logramos mejorar el ambiente en el que vive el animal (reduciendo el estrés, brindando confort y garantizando su salud) podemos disminuir ese gasto energético destinado al mantenimiento. Así, una mayor proporción de la energía consumida queda disponible para promover la ganancia de peso.
En la siguiente imagen se ejemplifica lo mencionado anteriormente, mostrando cómo la temperatura ambiente puede influir en los requerimientos de energía de mantenimiento del animal. A medida que nos alejamos de la zona de confort térmico, el animal debe gastar más energía en termorregularse, lo que reduce la proporción de energía disponible para el crecimiento o la producción.
En este artículo no abordaremos el uso de sombras ni de sistemas de aspersión para mitigar el calor, no porque carezcan de importancia, sino porque ya han sido tratados en profundidad en publicaciones anteriores.
El barro: más caro de lo que parece
Uno de los problemas más comunes y costosos en los feedlots es la acumulación de barro. Cuando en los corrales se acumula barro con más de 7 cm de profundidad, el movimiento del ganado se vuelve dificultoso, lo que aumenta el gasto energético destinado al mantenimiento. Además, los animales reducen la frecuencia de visitas al comedero, y muchos permanecen parados durante largos períodos, ya que no encuentran un lugar seco y cómodo para echarse. Esto limita el tiempo de descanso y afecta negativamente la rumia, comprometiendo así la salud ruminal.
Si a esta situación le sumamos bajas temperaturas, el impacto es aún mayor. La presencia de barro disminuye la capacidad del animal para conservar el calor corporal: el aislamiento térmico puede reducirse en un 20% con algo de barro, en un 50% si el barro cubre patas y costados, y hasta en un 80% cuando el animal está muy embarrado (NASEM, 2016).
Si bien en determinadas épocas del año la presencia de barro en los corrales es prácticamente inevitable, existen medidas de manejo e infraestructura que permiten atenuar su impacto. Algunos aspectos clave a considerar son:
• Diseño del lote: es clave contar con una pendiente mínima del 2% desde el comedero hacia el fondo del corral para asegurar un buen escurrimiento.
• Construir “dormideros” dentro de los corrales.
• Manejo del estiércol: en zonas de alto tráfico (comedero, bebedero, portones) el estiércol seco puede absorber rápidamente agua de lluvia y transformarse en barro. Se recomienda “raspar” la superficie y retirar previo a un evento de precipitaciones.
• Rotar o dividir los lotes para permitir que ciertas áreas se recuperen.
• Utilización de camas.
El uso de camas de material seco (viruta, paja, heno) ha demostrado ser de gran utilidad para mejorar el confort del ganado.
Un estudio reciente (Tait et al., 2023) demostró que proporcionar camas a una profundidad mínima de 15 cm en condiciones de frío y humedad aumentó la ganancia de peso vivo y la eficiencia de conversión alimenticia, en contraste con el grupo control. A su vez, el ganado mostró menor estrés fisiológico (evaluado por el peso de las glándulas suprarrenales).
Otros estudios realizados en Estados Unidos han demostrado que los beneficios del uso de camas son particularmente notorios en dos momentos clave: al ingreso de los terneros al corral y durante la fase de terminación. Aunque suele asociarse su uso a condiciones de clima frío y húmedo, también se ha reportado que las camas son ventajosas en verano. Su uso contribuye a reducir la temperatura del suelo y a mitigar los efectos de la radiación solar reflejada, que en los corrales puede superar los 50°C.
Agua: el nutriente invisible
Siempre es bueno recordar que la importancia del agua en la productividad del ganado es enorme. El acceso fácil y permanente a agua de buena calidad es fundamental. Cuando los
animales no pueden tomar agua con comodidad, o ésta tiene exceso de materia orgánica o sabor desagradable, disminuyen su consumo. Esto afecta directamente la ingesta de alimento, especialmente en dietas con bajo contenido de humedad. Además, cuando los bebederos se llenan lentamente, los animales deben esperar para tomar, lo que se vuelve crítico en horas de alta demanda, como ocurre en los días calurosos. Un llenado rápido en bebidas de bajas dimensiones permite un rápido recambio y asegura agua más fresca.
Es fundamental mantener limpieza de los recipientes para mantener la calidad del agua. Por eso, al momento de elegir el material, conviene optar por aquellos con superficies lisas (como los bebederos plásticos), ya que facilitan la higiene y reducen la acumulación de sedimentos y materia orgánica.
Comederos: acceso, limpieza y diseño
El manejo del comedero es un factor clave que impacta directamente en el desempeño de los animales. Al igual que con el agua, los bovinos no deberían enfrentar competencia excesiva al momento de alimentarse. Ya sea en sistemas de suministro diario o de autoconsumo, el acceso al comedero debe ser cómodo y seguro: sin barro ni pozos profundos alrededor. El diseño debe garantizar que todos los animales puedan comer en condiciones adecuadas en cualquier momento del día.
Otro aspecto muchas veces subestimado es el estado estructural del comedero. Grietas, separaciones o roturas generan pérdidas de alimento que cae fuera del alcance del ganado, lo que no solo eleva el costo de alimentación, sino que también favorece la proliferación de plagas, moscas y malos olores por la acumulación de materia orgánica bajo el comedero. La
revisión y mantenimiento periódico son esenciales para evitar estos problemas.




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